Hugo Bruno Hans Selye (1907-1982)

(húngaro-canadiense: Selye János)
Concibió por mera casualidad la idea del Síndrome de Adaptación General (SAG), sobre el cual escribió por primera vez en el British Journal Nature en el verano de 1936. El SAG, también conocido como síndrome del estrés, es lo que Selye señaló como el proceso bajo el cual el cuerpo confronta -lo que desde un principio designó como: agente nocivo. El SAG es un proceso en el que el cuerpo pasa por tres etapas universales. Primero hay una “señal de alarma”, a partir de la cual el cuerpo se prepara para “la defensa o la huída”. No obstante, ningún organismo puede mantener esta condición de excitación, por ello existe la segunda etapa que permite al mismo, sobrevivir a la primera, en ésta se construye una resistencia. Finalmente, si la duración del estrés es suficientemente prolongada, el cuerpo entra a una tercera etapa que es de agotamiento; una forma de envejecimiento debida al deterioro del organismo por mantener constante el desgaste .
Hans Seyle cuenta que tomó prestado de la física el término estrés. En ella se refiere a la interacción que se produce entre una fuerza y la resistencia que refleja a la misma.
Selye publicó 33 libros y más de 1,600 artículos científicos, casi todos ellos sobre el tema del estrés. Entre sus muchos textos científicos, existen también manuales populares tendientes a educar acerca del estrés, el más popular fue The stress of life (El estrés de la vida), una explicación profunda del estrés y del origen del síndrome.Selye trabajó como profesor y director, en el Instituto de Medicina Experimental y Cirugía de la Universidad de Montreal, de 1945 hasta su retiro en 1970. También se convirtió en líder filosófico, cuyos puntos de vista sobre la salud ayudaron a cambiar la manera de ver el cuerpo y la mente, en las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial. Adoptó rápidamente el papel de representante del bienestar y se le pedía que hablara lo mismo a un grupo de religiosos que de médicos. Habló frecuentemente del valor del amor y de la importancia esencial de ayudar a otros para nuestro bienestar. Él no fue, en ningún momento de su carrera, como cualquier científico “normal”. Pero fue, a no dudar, un innovador y su influencia se extiende tras él. Hasta ahora, a casi veinte años de su muerte, estudiantes e investigadores continúan trabajando asiduamente en dar a conocer al mundo sus ideas.

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